
Aunque no sea marino
ni expedicionario del mar,
ni crea sobremanera
en esas polvorientas historias
de bucaneros soñolientos,
divisé una sirena
apostada en un sin fin de silencios,
fabricando olas gentiles
en el horizonte,
haciendo su llamado agudo y frágil
de sonidos indescifrables,
pero que conmovieron mi entendimiento
con su imantada afabilidad.
A pesar del turbio celaje
de un pasado deshilachado,
me convertí en argonauta;
en un pulpo apasionado
que desde la proa de su cintura,
conoció una fortuna cósmica,
de pasiones siderales, celestes,
transportado a un universo de misterios
trazados en un mismo futuro.
Quizá para algunos
sea una chica más,
de las que substrae el oxígeno
de los suspiros enérgicos.
Para mí es una sirena de ciudad,
una dama planetaria,
de placidez astral,
quien con su embeleso oceánico
me hizo tripulante del destino
y me sumergió en la profundidad
de unas manos de azúcar;
de un ensalmo atlántico de venturanza.
Mi embarcación ya no persigue faroles,
sólo el puerto-ninfa donde soñar.
ni expedicionario del mar,
ni crea sobremanera
en esas polvorientas historias
de bucaneros soñolientos,
divisé una sirena
apostada en un sin fin de silencios,
fabricando olas gentiles
en el horizonte,
haciendo su llamado agudo y frágil
de sonidos indescifrables,
pero que conmovieron mi entendimiento
con su imantada afabilidad.
A pesar del turbio celaje
de un pasado deshilachado,
me convertí en argonauta;
en un pulpo apasionado
que desde la proa de su cintura,
conoció una fortuna cósmica,
de pasiones siderales, celestes,
transportado a un universo de misterios
trazados en un mismo futuro.
Quizá para algunos
sea una chica más,
de las que substrae el oxígeno
de los suspiros enérgicos.
Para mí es una sirena de ciudad,
una dama planetaria,
de placidez astral,
quien con su embeleso oceánico
me hizo tripulante del destino
y me sumergió en la profundidad
de unas manos de azúcar;
de un ensalmo atlántico de venturanza.
Mi embarcación ya no persigue faroles,
sólo el puerto-ninfa donde soñar.
José Luis Zambrano Padauy

Viejo, me hiciste recordar aquella canción de Los pasteles verdes que escuchábamos de niños, un rock setentoso llamado La sirena de mis sueños. ¿La recuerdas?
ResponderEliminarSaludos, El Cantinero
Hermano, claro que la recuerdo. Aunque el poema no fue inspirado en ese tema musical, la comparativa permitió desempolvar viejos recuerdos de la adolescencia. Un abrazo...
ResponderEliminarTan inspiradas palabras sólo pueden surgir de un alma hermosa
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