El amor se escribe ahora diferente.
Desde que me sacudió tu nombre
posee sílabas genuinas, sin camuflajes
ni estereotipos, pues cada sonido
canturrea de la eternidad su raigambre,
desmigando las ceremonias y los equívocos,
asumiendo el secreto culposo de amarte.
El amor tiene ahora letras cursivas,
con adornos en los bordes
y pasiones definidas.
Se pronuncia en un murmullo
carente de reservas,
con la boca entreabierta y extendida,
regentada por el descontrol y el devaneo,
como si la carnada fuese la propia vida.
El amor suena entonces
a besos despiertos; a flama fundida
en cada espacio; a crepitaciones
de la piel, como sostenidas
en las bocanadas del cielo,
pues carece de esa desvariante
corrosión del desasosiego.
El amor tiene actualmente
excusas convincentes.
No flanquea escaramuzas
ni se emborracha de tristeza.
Ahora se acuesta temprano,
cohabita con las musas,
sólo en la pureza piensa
y tiene el sabor de lo esperado.
Ese amor sublime,
digno, sincero y cándido,
me adivina las ideas
sin jactancias,
pues nadie es amo o esclavo.
Este amor es de color azul,
ama el siete
y es más infinito que el mar.
Es un amor proporcionado
de sólido temple,
que tiene su azúcar y su sal.
Sobre todo, corazón mío,
el amor se bautizó de tu verdad.
Desde que me sacudió tu nombre
posee sílabas genuinas, sin camuflajes
ni estereotipos, pues cada sonido
canturrea de la eternidad su raigambre,
desmigando las ceremonias y los equívocos,
asumiendo el secreto culposo de amarte.
El amor tiene ahora letras cursivas,
con adornos en los bordes
y pasiones definidas.
Se pronuncia en un murmullo
carente de reservas,
con la boca entreabierta y extendida,
regentada por el descontrol y el devaneo,
como si la carnada fuese la propia vida.
El amor suena entonces
a besos despiertos; a flama fundida
en cada espacio; a crepitaciones
de la piel, como sostenidas
en las bocanadas del cielo,
pues carece de esa desvariante
corrosión del desasosiego.
El amor tiene actualmente
excusas convincentes.
No flanquea escaramuzas
ni se emborracha de tristeza.
Ahora se acuesta temprano,
cohabita con las musas,
sólo en la pureza piensa
y tiene el sabor de lo esperado.
Ese amor sublime,
digno, sincero y cándido,
me adivina las ideas
sin jactancias,
pues nadie es amo o esclavo.
Este amor es de color azul,
ama el siete
y es más infinito que el mar.
Es un amor proporcionado
de sólido temple,
que tiene su azúcar y su sal.
Sobre todo, corazón mío,
el amor se bautizó de tu verdad.
José Luis Zambrano Padauy

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