martes, 10 de febrero de 2009

Soledad como consorte

Yo quisiera
que alguien me explicara
por qué la soledad tiene túnica espesa,
los pies manchados de recuerdos
y una lágrima para compartir.

Dónde se hizo reina del silencio,
nos bañó de sombras
haciendo nudos de existencia;
enrejándonos como un alguacil.

Siempre esconde respuestas
en el bolsillo del desvelo,
dejando boquiabiertos
a los lunares de la noche.

Sus bombillos
tienen vatios vacíos;
su ocurrencia a destiempo
me encierra sin picaportes.

Soledad,
asesinas como en sorbos,
en un gotero adusto,
sin fármacos decididos,
para envolvernos
en tu capa de asfalto.

Miedos lineales,
cómo aquieto
a los fantasmas hambrientos
si guardas culpas en tu armario.

Quién inventó
la palabra “compañía”
en adjetivos plurales,
para andar de puntillas
en los precipicios de la razón.

Con el cerebro rebujado,
perdí el pasaporte de la placidez,
desactivé aquellas notas
sicóticas, biliosas y sin valor.

Me enrosco en su madeja,
circundándome con ese pretil;
un torbellino de gestos, es
esa fotografía de su sonrisa magistral.

Tengo un par de horas sin ti,
amor mío, y se expandieron
las arrugas a la ventana.
Ahora, dame la esperanza para irte a buscar.

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