
Soy el mismo, a pesar de la opulencia del tesoro de mis versos;
igual, como el joven de antaño, que le hurtaba guirnaldas al viento,
que se escondía sumiso, detrás de una muralla de sonrisas,
que escuchaba bocinas de misericordias y tiritaba de miedo.
Las agujas gloriosas continúan con su reprimenda,
cuando atormento mis pecados, con olvidos nuevos.
Sigo siendo el de siempre, el que se devora las campanas
[de la iglesia,
sueña con los amores de la plaza y se espanta con los truenos.
Continúo con mis paseos por los antiguos y añosos parques,
recordando las charlas reveladoras, acompañadas de viejos amigos;
mi cara se ha modificado con nacientes experiencias;
pero sigo igual, idéntico, siempre el mismo.
igual, como el joven de antaño, que le hurtaba guirnaldas al viento,
que se escondía sumiso, detrás de una muralla de sonrisas,
que escuchaba bocinas de misericordias y tiritaba de miedo.
Las agujas gloriosas continúan con su reprimenda,
cuando atormento mis pecados, con olvidos nuevos.
Sigo siendo el de siempre, el que se devora las campanas
[de la iglesia,
sueña con los amores de la plaza y se espanta con los truenos.
Continúo con mis paseos por los antiguos y añosos parques,
recordando las charlas reveladoras, acompañadas de viejos amigos;
mi cara se ha modificado con nacientes experiencias;
pero sigo igual, idéntico, siempre el mismo.



