Aunque se recree
en mí una atemporal inocencia,
sigo creyendo
en la pareja ideal;
en la idílica alma gemela.
No debería extraviarse
el concepto;
ese compacto sueño ceniciento
de unir la pieza perfecta
apoltronada en el debido puesto.
Reconciliado con las hadas,
sigo creyendo, convulsivamente
en que todo transita
por convicciones altísimas, celestes
o por patrones de metafísica,
de un formulario químico que el destino nivele.
En ese intrépido
apareamiento de electrones
buscando estabilidad;
la lógica combinación
de reunir lo peor con los mejores,
sólo un elemento reactivo
dosifica y calma a su contrario,
al crear un nuevo componente.
Lo mismo ocurre con el amor buscado.
Dios crea al ser humano
débil, confuso; pero soñador.
La vida se transmuta en un juego didáctico,
de eslabonar partes de amor.
¡Oh, insufrible racionamiento!,
cuando estoy solitario
soy diferente a mi pareja.
Pero unidos, centellea una alborada nueva,
originamos una fórmula de corazones...
¡Libando estoy entonces,
a mi añorada alma gemela!
miércoles, 18 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario