Olvidar es más que un esfuerzo mental:
es no soñar en las noches
aguadas de nostalgias, sin más,
que reprimir mis reproches.
Cubrirse de imágenes irreales,
aguardar por otros amores,
que se filtran en nublados cristales,
nublados de gastados valores.
Cómo suprimir el beso hundido en los labios,
cómo superar aquellos sabores,
si la miel derramada, bien saben los sabios,
es dulce en todas condiciones.
La luz se escurre entre la neblina;
abriendo el alma con viejas canciones,
que arde y enciende la aguda ironía
de ser un extraño en aquellas pasiones.
miércoles, 18 de marzo de 2009
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