martes, 10 de febrero de 2009

Ambrosía

Desde aquella voz trémula y apacible,
conspiradora de los sueños, de aquellos inaccesibles,
que fue liberando en tropel los suspiros;
la avidez de amar enteramente y sin artificios,
he entretejido -varado en un recodo palpitante- ,
cada meta o postulado de un destino nuevo,
que se enrosca persistente en ese arrobado sueño
de envejecer a tu lado y en tu amor por siempre extasiarme.

A despecho de aquel pasado pueril y vano,
sin alicientes válidos para andar los caminos;
con tu adhesión a las ideas, a mis abiertas manos,
ha retoñado a mis años el primer amor de mi destino.

Temo a la luz de tu alma candorosa,
la misma que derrotó a mis convencionalismos;
temo que falte, que galope por la aurora
y se pierda en su pureza, dejándome sin destino.

Recuerdas las primeras frases: francas, nobles,
emocionantes, eternas y a veces sin sentido,
fueron las primeras luchas por esta enorme
veneración de unir el amor en un mismo destino.

No olvidaré las triquiñuelas para vernos,
las charlas entrecortadas y los pensamientos adivinados,
los cuales ya dejaban su hálito de perdurabilidad.
Aunque la ciudad no comprenda nuestra sinceridad,
en el cielo mansamente esta sensación nos avistaron
para sortear con sabiduría los obstáculos intrincados

y escribir con los labios la ambrosía de la felicidad.

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