martes, 10 de febrero de 2009

Desde hoy creo en las hadas...

Desde hoy creo en las hadas;
en princesas y sueños azules.
El viento de espadas, lleva sus cruces;
sus trincheras, palpitaciones y palabras.

Cuándo me diste el beso,
dónde y cómo, pasé de batracio
a un siervo de corazón henchido.

Borraste con un mágico hechizo
las drásticas páginas de niebla,
mientras una oportuna lluvia ligera
galopa por nuestros rostros temerosos
y me habla de un espléndido amor a su manera.

Hordas de estrellas
quedan como piedras en el camino
y crepitan, ansiando nuestras huellas.
Amor, destruye las enredaderas del castillo,
batiendo tus alas de colores;
en todo caso, quizá no existan dragones
ni puentes movedizos;
pero sí una ribera donde anclar nuestras pasiones.

A veces se descongela el frío
en la tibieza de tus luceros visuales;
anonadado, en ese preciso instante,
esparces en el aire esmeraldas y topacios,
llenando con tus escarchas los rosales.

No son fábulas
o relatos de una epopeya particular;
son mucho más, que desinflar una nube
con los bordes de este nervudo arrebato.
Es la nueva creencia de tu pura existencia,
al momento de sepultar tus frutos en mis labios.

José Luis Zambrano Padauy

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