Es verano. La tarde reposa
y no cede en sus caprichos y empeños.
Quiere tener huesos
y subsistir con tu nombre.
Pero no es virginal.
Se quedo sin bufanda en la ventana;
jadeó su luz hirviente,
marchándose para masticar su envidia.
Amor, tu reluciente vida
es la voluntad reflejada
en el diáfano vidrio de mi imaginación.
martes, 10 de febrero de 2009
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