Bajaste el arcoiris de un suspiro,
rociaste de ternura mi presente,
ampliando del amor sus decibeles,
al darle a la vida su propio himno.
De pecas los senderos de tu rostro
como luciérnagas festivas en mi mente,
me ensalzan una historia tan elocuente
de raudales celestiales vaporosos.
Atrincherado a las ráfagas de tu ternura,
providencial manifiesto de amor natural,
se labran de áurea luz las noches oscuras.
Tu perfume atizado como un principado
en el insomnio, en las sombras de la luna
y en el holgado informe de cuánto te amo.
martes, 10 de febrero de 2009
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