martes, 10 de febrero de 2009

Ya no hay espirales…

Ya no hay espirales,
sólo una línea recta e infinita.

No existen vilezas,
en este llanto colmado de risas.

Aquellas miradas apiñadas en la mente.

Tengo los dedos marcados,
de tu virtuosa estancia de eternidad.

Una frase pasea en las bocas;
se desliza saboreando respuestas de más.

Soy más tuyo al transcurrir los meses.

Una bala se aloja en mi ventrículo,
pequeña, dulce y salada, con vastos caminos.

Casi un año, de asumir el veredicto,
un año de novios, amantes, esposos y amigos.

Adquiero la estampa de padre en tu vientre.

Haremos una casa,
para alojar un amor noble y barrer las migas.

Tengo la parcela
sembrada de hogar, guarnecida de caricias.

Decapito el tiempo y muelo esquemas por verte.

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