Ya no hay espirales,
sólo una línea recta e infinita.
No existen vilezas,
en este llanto colmado de risas.
Aquellas miradas apiñadas en la mente.
Tengo los dedos marcados,
de tu virtuosa estancia de eternidad.
Una frase pasea en las bocas;
se desliza saboreando respuestas de más.
Soy más tuyo al transcurrir los meses.
Una bala se aloja en mi ventrículo,
pequeña, dulce y salada, con vastos caminos.
Casi un año, de asumir el veredicto,
un año de novios, amantes, esposos y amigos.
Adquiero la estampa de padre en tu vientre.
Haremos una casa,
para alojar un amor noble y barrer las migas.
Tengo la parcela
sembrada de hogar, guarnecida de caricias.
Decapito el tiempo y muelo esquemas por verte.
martes, 10 de febrero de 2009
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