Quisiera no tener piel
y abrazar la brisa como mi plataforma;
ser materia incolora, sin densidad,
colarme en los susurros de tu oído
para llegar a tus arterias e impulsos nerviosos.
Alcanzar a transformarme en sensación
o quizá, en latido emocional
de tanta envergadura
que sea capaz de deshelar los témpanos
y limpiar las tristezas de tus horas,
para sembrar nuevas expresiones,
aplausos internos y un tropel de alegría,
de la verdadera, no la que viene como en cajas
y se abarata en los “superformalismos”.
Quisiera ser un sentimiento
de esos que llena de perfume las cartas,
lanza al pasado las nostalgias
y tiene una fortaleza paquidérmica,
que ve perfección en los defectos
y no tiene reparos en perdonar.
Quisiera, más allá de derribar pretiles
o sermonear a la soledad por su “no compañía”,
acercarme a ti a hurtadillas
y fundirme en tus movimientos;
no para agotarme en tus exhalaciones
ni debilitarme por tus vértigos de oficina,
sino para ser tu suspiro de paz
y albergarme en tu sueño más profundo.
Quisiera , tan sólo, acompañarte eternamente.
José Luis Zambrano Padauy
martes, 10 de febrero de 2009
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