martes, 10 de febrero de 2009

Nupcias eternas

No temas
del silencio
que el destino está en la mesa.

Le estreché la mano a la luna
por cuidarte de las luciérnagas.

Brindé con el atónito césped
y su verde esperanza en mis venas.

Tengo una ciudad de gaviotas
que bailan sicalípticas en los edificios;
viendo la paz espejeada en la corriente
musical de ese río de sumisas piedras.

Nos sentamos en un banco
de ese núbil restaurante.
En el telón de la inocencia
desgranamos los primeros besos a tientas.

Hoy los fanales deslumbran
un universo de caricias;
en el vapor del tacto, la lumbre flamea.

Con las copas unidas
degollamos al búho conspicuo,
irrumpiendo en la hondonada de tus piernas.

Negamos la sordidez;
pero si existe pecado en el amor
a los ojos del mundo lanzamos la primera piedra.

José Luis Zambrano Padauy

1 comentario:

  1. A veces la eternidad pendulea en un hilillo muy fino, que puede romperse hasta con una mueca...

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