Tal vez en esta historia
no exista un reino
atizado por una bruja,
o manzanas envenenadas
o parlanchines espejos
o envidias sentenciadas,
sólo una cándida y pulcra damisela,
de marinos cabellos
y sonrisa sincera,
y un terciado sujeto
sin caballo, ni artificios,
ni indumento de alteza.
La tan festiva joven
en su suave bondad danzaba,
urdida en su bosque urbano
y en sus bocados de esperanza,
cuando se adentró en un sueño
copado de abruptas telarañas,
a pesar de los entonados versos,
los recodos y las dulces palabras,
su antipríncipe sórdido
no escondió sus harapos,
su talante vidrioso
y sus siete pecados.
Cómo romper el hechizo
de un sueño de cristal,
con tantos viejos caminos
y tantas experiencias de más.
Sobre todo, que siente IRA
cuando alguien la trata mal;
sucumbe en su AVARICIA
pues de él eternamente será.
La ENVIDIA lo corroe
cuando por lógicas razones,
ve que el viento está más tiempo con ella.
No puede evitar la LUJURIA
cuando al avizorarse la luna,
desea amarla totalmente, hasta las estrellas.
Y así, presiente la PEREZA,
de dormir con ella. Enlazados por horas intensas.
Nada evitaría su SOBERBIA,
de tener a su lado a la más dulce del planeta.
Pero este siervo humilde y calamitoso,
te ve sin altivez, sin anacronismos.
En su desaforado cielo, te ama tan sólo,
porque al amarte ve un futuro vivo.
Por ello, reconoce su GULA desmedida,
que despedaza con la lengua y traga los suspiros en silencio.
Desea que la mesa de tu alcoba esté servida,
ya que te quiere comer hasta el último rincón de tu cuerpo.
Ahora, ponle tú un bello final a este cuento,
eliminando guirnaldas y personajes enrevesados.
Di que se amaron hasta el final de los tiempos
la niña de blanca alma y el siervo que no es enano.
no exista un reino
atizado por una bruja,
o manzanas envenenadas
o parlanchines espejos
o envidias sentenciadas,
sólo una cándida y pulcra damisela,
de marinos cabellos
y sonrisa sincera,
y un terciado sujeto
sin caballo, ni artificios,
ni indumento de alteza.
La tan festiva joven
en su suave bondad danzaba,
urdida en su bosque urbano
y en sus bocados de esperanza,
cuando se adentró en un sueño
copado de abruptas telarañas,
a pesar de los entonados versos,
los recodos y las dulces palabras,
su antipríncipe sórdido
no escondió sus harapos,
su talante vidrioso
y sus siete pecados.
Cómo romper el hechizo
de un sueño de cristal,
con tantos viejos caminos
y tantas experiencias de más.
Sobre todo, que siente IRA
cuando alguien la trata mal;
sucumbe en su AVARICIA
pues de él eternamente será.
La ENVIDIA lo corroe
cuando por lógicas razones,
ve que el viento está más tiempo con ella.
No puede evitar la LUJURIA
cuando al avizorarse la luna,
desea amarla totalmente, hasta las estrellas.
Y así, presiente la PEREZA,
de dormir con ella. Enlazados por horas intensas.
Nada evitaría su SOBERBIA,
de tener a su lado a la más dulce del planeta.
Pero este siervo humilde y calamitoso,
te ve sin altivez, sin anacronismos.
En su desaforado cielo, te ama tan sólo,
porque al amarte ve un futuro vivo.
Por ello, reconoce su GULA desmedida,
que despedaza con la lengua y traga los suspiros en silencio.
Desea que la mesa de tu alcoba esté servida,
ya que te quiere comer hasta el último rincón de tu cuerpo.
Ahora, ponle tú un bello final a este cuento,
eliminando guirnaldas y personajes enrevesados.
Di que se amaron hasta el final de los tiempos
la niña de blanca alma y el siervo que no es enano.
José Luis Zambrano Padauy


Hey, excelente remate, hermano.
ResponderEliminarSaludos, El Cantinero
Tú tampoco eres enano... Aunque tuvieses el remoquete de "Pitufo" en la adolescencia...
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